De lejos, de noche, confundo con personas a las farolas donde hay adosada una papelera.
No me gusta que estés (estéis, en ocasiones) ahí, detrás de mí, cuando salgo con un grupo de amigos del que no formas parte y te quedas callado, con tu puta timidez y tu silencio que me recuerda tanto al mío, cuando pareces mi escolta, cuando me preguntas por cualquier cosa que vaya a tomar yo, para pedir lo mismo, o cuando preguntas si nos vamos a casa. Vete tú, joder, vete tú, hostias, y déjame tranquilo, sin pensar que cuando hablo con los otros te tengo a mi espalda, callado, porque tú no te atreves a hablar con nadie, ni siquiera intentarás iniciar una conversación. Y cuando antes yo dije “Voy a llamar a éstos a ver que hacen”, preferiría que hubieses comprendido y te hubieras largado a casa, pronto, y no acompañarme como una molesta escolta, silencioso pero insoportablemente presente, alguien que no dice nada y a quien nadie se atreve a decirle nada, por su mutismo y su cerradez. Para otra vez, cuando sepas que voy a ir con un grupo de gente a la que tú apenas conoces, por favor, si quieres salúdales, pero vete pronto. No te quedes a mi lado como una molesta estatua de cuya presencia no me puedo librar entre el resto del grupo -y que ellos tampoco pueden obviar, y de la que murmurarán cuando yo me haya ido-. Por favor, vete a tiempo.
Él se sintió herido en su orgullo, puesto que, por mucho que hubiera querido tirarse a esa mujer antes (y por muchos que ella misma se hubiera tirado antes), imaginarla siendo probada y penetrada por el otro ya hacía de todo el cuerpo de ella algo mancillado y desagradable.
Contrariamente a lo que yo hubiera podido pensar, Norte y Este se siguen tolerando como pareja, sin fingimientos a ojos exteriores, queriéndose incluso. Mi imagen de Norte como una cornuda dolorida que con una venda en los ojos, parecía no saber -y si sabía, disimulaba- se desvanece ante la imagen (no nueva, por otra parte) de mujer fuerte y comprensiva que quiere a su pareja por encima de las infidelidades de éste (y que incluso tal vez, se me ocurre ahora aunque sea un pensamiento absurdo, han podido ser menos que las de Norte).
Tema para un relato. Chico conoce chica, chico se da cuenta de que ella le gusta, la considera por alguna razón más interesante que la media (o quizá son sólo sus tetas y sus ojos). Chico no se atreve a decirle nada a las claras a chica. Chica independiente, buscando siempre algo más allá de la rutina, viaja al extranjero, tiene diversas parejas (siempre con algo que las haga distinguirse respecto al estudiante promedio que suelen ser las parejas de las chicas de su edad), hasta que desemboca en un profesor de facultad. Chico se entera de esto por boca de un amigo en un bar donde no estaba tomando nada. Chico vuelve a casa caminando lentamente bajo la lluvia, como que todo, absolutamente todo (él incluído, por supuesto), fuese una parodia de algo que no alcanza ni alcanzará a comprender.
Punto y aparte.
Entrada número 37: