No creo mucho en las autobiografías. Escribir de uno mismo es siempre subjetivo, y dependiendo de cómo sea el autor, los datos y los recuerdos pueden ser más o menos exagerados, más o menos cercanos a la verdad, rodeándola en círculos más o menos amplios, pero jamás acercándose a ella del todo. Que ser descrito por alguien ajeno (y sin relación próxima a nosotros) es más objetivo, más veraz. Aunque la realidad sea una ilusión que no pueda llegar a aprehenderse nunca, pues no hay ojos que no tengan su propia perspectiva.
A veces pienso que una autobiografía no dista mucho de ser una obra de ficción. Que las cosas dependen en ocasiones del título bajo el que se presenten.
Pero en fin, aquí va un intento, algo caótico y sin estructurar, en frases sueltas:
- Soy alguien despreciable. No en un sentido mezquino, ni malvado, sino en un sentido de mediocridad. Tímido, cobarde, callado. Esa clase de gente que si viera una gran injusticia se dedicaría a mirar hacia otro lado y seguir con su vida. Esa gente sin carisma, ni sociabilidad.
- A veces creo que soy alguien normal, sin ningún problema en principio para conseguir pareja al igual que el resto del mundo las consigue. Otras veces pienso que soy demasiado peculiar, y que ninguna mujer nunca podría quererme o comprenderme. Probablemente soy una mezcla de los dos, aunque es mis relaciones con las mujeres prevalezca el segundo (pero creerme demasiado “peculiar” no sea más, quizá, que una muestra de vanidad). Ni siquiera soy capaz de expresar claramente lo que pienso (muchas veces ni yo mismo lo sé), como para que alguien sienta empatía y cariño por mí. No ese cariño que propicia un afecto vago y una amistad, sino más bien el que logra que alguien quiera ser tu compañera y pasar tiempo contigo.
- Tengo dos grupos de amigos. Unos, los de siempre, del colegio y del instituto; otros los de la universidad. Creo que si en alguna ocasión llegaran a conocerse ,se odiarían mutuamente, y ninguno de los dos grupos comprendería cómo yo puedo ser amigo de esa otra gente. He llegado a pensar que finjo, que adquiero una doble personalidad y me coloco la máscara adecuada según esté con unos u otros, pero no es ninguna máscara. Disfruto de un modo cierto, no afectado ni fingido, cuando estoy con cada uno de los dos. Con los del instituto soy más procaz, más burdo, hablo y me comporto de una manera en que no lo haría con los otros, donde soy más retraído, más callado, a los que considero de sensibilidad más pulida. Con ellos puedo hablar de películas y literatura de un modo serio, cosa impensable con los del instituto. Ahora mismo, no podría prescindir de ninguno de los dos, si se rompiera mi amistad con uno de ellos sería como verme privado de un miembro. Tengo la impresión de que soy una especie de traidor, pero no es así. Más bien tengo la impresión de que ellos, si alguna vez me ven desenvolviéndome con los del otro grupo, pensarían de mí que soy un traidor. Porque unos saben cosas de mí que los otros no, y viceversa (aunque con seguridad los del instituto saben más, por conocerme desde hace más tiempo).
- La mujer a la que están dedicadas la mayoría de las entradas de este blog sigue gustándome y atrayéndome como ninguna otra. No la puedo olvidar, y mis deseos hacia ella no menguan. Por supuesto que si se me diera la ocasión me follaría a otras compañeras de clase (una de ellas ha evolucionado, antes era más descuidada y espontánea, nos reíamos juntos, ahora es más consciente de su belleza y su potencial. Es como si se hubiera alejado unos pasos de mí y me mirase desde la distancia sin comprender -y sin recordar siquiera- por qué antes se reía conmigo), pero ella siempre ocupa el primer lugar. Me llevo bien, me ayuda en el proyecto que estoy acabando ahora, pero llevarme bien no me basta. Tengo que decirle lo que me corroe por dentro (a veces sueño con ella, por dios), y temo que nunca tenga el valor para confesárselo, para exponerme de esa manera (¿ven lo tópica, lo manida que suena esta última frase, y cómo, a pesar de ello, quiero sentirme especial pensando que nadie siente por ella lo que yo- e incluso, que nadie nunca ha sentido por una mujer lo que yo siento por ella? -. A eso me refería cuando decía que era alguien despreciable). Me encantaría conocerla mejor, hablar con ella durante horas de cosas que a los dos nos resultaran familiares (cine, literatura, músicas que ella me enseñaría, por conocerlas mejor) y luego, más tarde, lamer sus redondeados pechos y mirarle a los ojos, y que ella mire los míos con sus grandes iris entre castaños y verdes, y se muerda el labio y me pida gimiendo mi nombre que la penetre más fuerte (en mis fantasías yo duraría tanto como ella quisiera, en la triste realidad quizá no llegase a dos minutos. En la triste realidad ni siquiera la tengo).
- Soy introvertido, tímido, horrible. Parezco llevarme bien con todo el mundo, pero esto es porque muchas veces, carezco de auténtica confianza con la mayoría. El no ser distentido ni hablador hace que calle muchas cosas personales (pienso que mi vida es terriblemente más aburrida que las anécdotas de la gente). Por ello, la gente, tal vez inconscientemente -como un primitivo mecanismo de defensa- no me cuenta a mí muchas cosas, o lo hace en menor medida que con otros. Suelo ser el último en enterarme (sobre todo en el grupo de la universidad) de que alguien del grupo ha roto con su pareja, o de que ha iniciado una relación, o lo que sea. La gente parece llamarse e informarse constantemente; a mí nadie me llama apenas por teléfono, seguramente porque yo tampoco lo hago. Sé que simplemente, y con justicia, no recibo lo que no doy, pero todo ello me hace sentirme algo más solo en el mundo y más miserable.
-En casa hay veces en las que estoy completamente desquiciado (falta de relaciones con el sexo opuesto -y consecuente aunque no únicamente, falta de sexo, angustia por la próxima entrega de un proyecto para el que no me queda mucho tiempo, etc). Pienso que la próxima vez que salga con amigos lo soltaré, confesaré mis estados en soledad cercanos al paroxismo. Pero una vez allí, ellos me confiesan el rechazo que les provocan algunos aspectos del mundo, las vueltas que dan a todo, y dicen cosas como “no puedes imaginarte cómo estoy por esta situación”. Y yo, en lugar de decir “Sí, puedo llegar a imaginarlo, eres tú el que no sabe cómo estoy yo”; me callo y asiento, y parece que mi estado mental es mucho mas sereno y calmado que en la realidad de mi habitación.
Y otras veces, sin embargo, me digo que lo de estar peor que ellos es una falacia, que todos en este mundo nos parecemos demasiado y que pensar que mi caso es especial, o más grave, no es más que un producto de mi ego.
Soy incapaz de aclararme, de posicionarme claramente frente a nada. Si lo hiciera, yo sería otra persona y este blog no existiría.
- En ocasiones pienso si tengo amigos de verdad, gente en la que confiar, o si me dejarían tirado ante cualquier problema peliagudo e incómodo, o grave, que pudiera surgirme. A veces me digo que no, a veces (las menos) me digo que sí, y es entonces cuando recuerdo lo solo que llegué a sentirme en Manchester, Sollerod y Nueva York.
Y hasta aquí. Necesitaba desahogarme, aunque sé que si releo esto dentro de unos meses muchas cosas me parecerán exageradas, incorrectas, o propias de un estado de ánimo que no tenga en ese momento del futuro; y desee reescribir muchas de ellas. Pero no lo haré. Porque treinta de diciembre de dos mil diez (es la una de la madrugada) sólo lo es hoy, y sólo hoy pude haber escrito esto.
Felices fiestas.
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