Debo reconocer que con Paul Potts me engañaron. Me lo creí. Al igual que mucha otra gente, yo también me tragué el cuento del tipo inseguro y poco agraciado físicamente que resulta tener una gran voz y que ve cumplido su sueño de ser cantante tras aparecer en un programa de televisión.
Me creo al tipo. Es decir, me creo que fuera un tipo inseguro y poco agraciado, y me creo – eso estaba claro – que tenía buena voz. Pero no me creo todo lo demás, el espectáculo televisivo, el jurado emocionado, el público enfervorecido y lloroso. Todo eso es mierda.
Me he dado cuenta ahora, con la aparición de una tal Susan Boyle; alguien que parece repetir punto por punto la historia de Paul Potts (por cierto, yo me había olvidado completamente de él hasta el momento en que vi a Susan, y supongo que a todos ustedes les habrá pasado lo mismo. Para que vean lo que duran las historias). Una mujer bastante fea aparece en un plató. De nuevo, al igual que ocurrió con Paul Potts, miradas de desconcierto, chanzas indisimuladas. Nadie sabe qué ha ido a hacer allí. Entonces ella empieza a cantar, y las risitas desaparecen, los ojos se humedecen, la gente prorrumpe en aplausos. La noticia traspasa fronteras, el vídeo de la hazaña se ve en todo el mundo. Qué hermoso, qué bella lección: la belleza está en el interior.
Y una mierda. Menuda panda de hijos de puta.
Primero: en los consursos de este tipo hay antes mil pruebas previas, un cretino sin ningún tipo de talento llegará a los programas de zapping y a youtube, pero no pasará de fase. Jurados previos seleccionan aquello que pueda tener potencial, y Susan, al menos, tenía voz. Y encima era fea. Seguro que algún productor se frotaba las manos imaginando la historia. Es decir, que la sorpresa y la emoción que el jurado final demuestra en el vídeo son completamente ficticias, puesto que ya sabían que la tal Susan, como mínimo, debía tener alguna cualidad, aparte de la fealdad que tanto han explotado – y explotarán -.
Segundo: cuando digo que han explotado la fealdad de Susan, no me refiero sólo a que ella sea fea, y lo mencionen constantemente , si no a que además, teniendo los medios para que no fuera así, han hecho todo lo posible para mantenerla poco agraciada, como si gritaran al mundo: “eh, miren qué fea es la pobre, apiádense de ella, por favor”. Vamos a ver, es un puto canal de televisión. Tienen maquilladores, peluqueros, estilistas, responsables de vestuario, todo un equipo de profesionales destinados a que el personaje que aparezca en pantalla luzca bien. Con Susan no se molestaron en nada de esto, pudiendo hacerlo. Pudieron habarla maquillado, retocado las cejas, peinado elegantemente, y darla un vestido agradable para que saliera a actuar. Pero claro, eso no sería rentable, la farsa no surtiría efecto.
Si hubieran querido que Susan luciera mejor, lo habrían podido hacer. Pero entonces el público no hubiera visto el bello cuento del patito feo al que nadie quiere hasta que cautiva a todos con su maravillosa voz, si no que hubiera visto a una mujer normal que cantaba bien. Y una mujer normal que canta bien tal vez pasara de fase en el concurso, pero la noticia no traspasaría fronteras, y no recibiría millones de visitas en youtube.
Tercero: la gente. La gente es, al fin y al cabo, la responsable de que toda esta urdimbre planeada por la televisión haya dado excelentes resultados. La gente es mentirosa, falsa, repugnante. Lo fue la gente que estaba en el plató ese día, y que fingía emoción, cuando en realidad más bien aplaudírían como borregos cuando alguien fuera de cámara se lo ordenaba, ya fuera a Susan o a otra. Lo son todos los cabrones hipócritas que llenan los comentarios del vídeo en youtube, cuando dicen que se emocionaron de verdad, que lloraron, que han descubierto que la belleza está en el interior, cuando en el fondo todo es una máscara – que ellos mismos no creen que llevan -, y que les impide ver que en el fondo, no admiran a Susan. La desprecian, sienten lástima por ella, por ser tan fea, tan inadaptada, y por eso se sienten mejor cuando escriben en youtube diciendo todo lo que se emocionan al oírla. Casi como una condescendencia hacia Susan: “pobre… es tan fea”. Dan a entender que si la fea no cantara bien, para ellos seguiría siendo tan sólo eso, una fea: “enhorabuena, fea, tienes suerte de cantar bien, si no me reiría de ti al igual que me río del resto de feos patosos del mundo”. Pero no se dan cuenta de ello, y se creen que son buenos sentimientos y gran gusto musical lo que demuestran al actuar de ese modo; exactamente del mismo modo en que la maquinaria mediática había previsto que actuaran.
En fin, mucha suerte, Susan. Espero que grabes un disco, lo pases bien y no te entristezcas demasiado cuando los medios de comunicación y la gente se cansen de ti (al igual que se cansaron de Paul Potts), y busquen otro patito feo que sirva para reemplazarte.
(Y para colmo, parece que Susan Boyle es virgen. Bravo. Más carnaza para las televisiones, más morbo para el público. Quien supo elegirla es todo un genio de la industria televisiva en particular, y de la puta manera en que funciona este mundo en general).