Hay una frase en una canción que dice:
“Que no dejas que te quieran, sólo quieres que te abracen”
Pues eso.
Y yo ni siquiera estoy entre los que abrazan.
Hay una frase en una canción que dice:
“Que no dejas que te quieran, sólo quieres que te abracen”
Pues eso.
Y yo ni siquiera estoy entre los que abrazan.
El otro día soñé que me encontraba a Megan Fox sentada en las escaleras de mi casa. Tenía una pierna incapacitada y no podía caminar. La cogí en brazos y la llevé al set de rodaje. Recuerdo que durante el camino, casi nos besamos. Pero no llegó a ocurrir.
Luego, en el rodaje, curiosamente ella volvió a caminar bien, y pareció olvidarse completamente de mí.
Menuda zorra.
(También, durante el verano, en una fiesta en Roma, un amigo metió fichas y consiguió a una chica medio danesa medio italiana de la que yo había dicho previamente que me gustaba. Al principio pensé que se había comportado como un hijo de puta.
Luego, más calmado, me dije que mi amigo no había sido tan cabrón, sino que al fin y al cabo, esa noche entablamos una especie de combate que ganó él, puesto que yo había hecho mal siendo tan inactivo y tímido con la chica.
Pero semanas después, la sensación de que el otro había sido un hijo de la gran puta no se había ido del todo.
Ni, probablemente – me di cuenta – se iría).
Todo esto dentro de los paréntesis, me temo, no lo he soñado.
Me da rabia.
Me da rabia que habiendo perdido un montón de horas en hacer un trabajo, no me haya dado tiempo a terminar completamente otro trabajo, y me hayan suspendido los dos.
HIJOSDELAGRANPUTACABRONESMECAGOENVUESTRAPUTAMADREASÍOS
PUDRÁISPANDADEGILIPOLLASIDOSATOMARPORELPUTOCULO.
Gracias, ya estoy algo más tranquilo.
Pero igual de decepcionado.
Dios te bendiga por haber ido hoy a clase con esa camiseta de tirantes.
Como bien diría el gran Javier Krahe: olé tus tetas.
Debo reconocer que con Paul Potts me engañaron. Me lo creí. Al igual que mucha otra gente, yo también me tragué el cuento del tipo inseguro y poco agraciado físicamente que resulta tener una gran voz y que ve cumplido su sueño de ser cantante tras aparecer en un programa de televisión.
Me creo al tipo. Es decir, me creo que fuera un tipo inseguro y poco agraciado, y me creo – eso estaba claro – que tenía buena voz. Pero no me creo todo lo demás, el espectáculo televisivo, el jurado emocionado, el público enfervorecido y lloroso. Todo eso es mierda.
Me he dado cuenta ahora, con la aparición de una tal Susan Boyle; alguien que parece repetir punto por punto la historia de Paul Potts (por cierto, yo me había olvidado completamente de él hasta el momento en que vi a Susan, y supongo que a todos ustedes les habrá pasado lo mismo. Para que vean lo que duran las historias). Una mujer bastante fea aparece en un plató. De nuevo, al igual que ocurrió con Paul Potts, miradas de desconcierto, chanzas indisimuladas. Nadie sabe qué ha ido a hacer allí. Entonces ella empieza a cantar, y las risitas desaparecen, los ojos se humedecen, la gente prorrumpe en aplausos. La noticia traspasa fronteras, el vídeo de la hazaña se ve en todo el mundo. Qué hermoso, qué bella lección: la belleza está en el interior.
Y una mierda. Menuda panda de hijos de puta.
Primero: en los consursos de este tipo hay antes mil pruebas previas, un cretino sin ningún tipo de talento llegará a los programas de zapping y a youtube, pero no pasará de fase. Jurados previos seleccionan aquello que pueda tener potencial, y Susan, al menos, tenía voz. Y encima era fea. Seguro que algún productor se frotaba las manos imaginando la historia. Es decir, que la sorpresa y la emoción que el jurado final demuestra en el vídeo son completamente ficticias, puesto que ya sabían que la tal Susan, como mínimo, debía tener alguna cualidad, aparte de la fealdad que tanto han explotado – y explotarán -.
Segundo: cuando digo que han explotado la fealdad de Susan, no me refiero sólo a que ella sea fea, y lo mencionen constantemente , si no a que además, teniendo los medios para que no fuera así, han hecho todo lo posible para mantenerla poco agraciada, como si gritaran al mundo: “eh, miren qué fea es la pobre, apiádense de ella, por favor”. Vamos a ver, es un puto canal de televisión. Tienen maquilladores, peluqueros, estilistas, responsables de vestuario, todo un equipo de profesionales destinados a que el personaje que aparezca en pantalla luzca bien. Con Susan no se molestaron en nada de esto, pudiendo hacerlo. Pudieron habarla maquillado, retocado las cejas, peinado elegantemente, y darla un vestido agradable para que saliera a actuar. Pero claro, eso no sería rentable, la farsa no surtiría efecto.
Si hubieran querido que Susan luciera mejor, lo habrían podido hacer. Pero entonces el público no hubiera visto el bello cuento del patito feo al que nadie quiere hasta que cautiva a todos con su maravillosa voz, si no que hubiera visto a una mujer normal que cantaba bien. Y una mujer normal que canta bien tal vez pasara de fase en el concurso, pero la noticia no traspasaría fronteras, y no recibiría millones de visitas en youtube.
Tercero: la gente. La gente es, al fin y al cabo, la responsable de que toda esta urdimbre planeada por la televisión haya dado excelentes resultados. La gente es mentirosa, falsa, repugnante. Lo fue la gente que estaba en el plató ese día, y que fingía emoción, cuando en realidad más bien aplaudírían como borregos cuando alguien fuera de cámara se lo ordenaba, ya fuera a Susan o a otra. Lo son todos los cabrones hipócritas que llenan los comentarios del vídeo en youtube, cuando dicen que se emocionaron de verdad, que lloraron, que han descubierto que la belleza está en el interior, cuando en el fondo todo es una máscara – que ellos mismos no creen que llevan -, y que les impide ver que en el fondo, no admiran a Susan. La desprecian, sienten lástima por ella, por ser tan fea, tan inadaptada, y por eso se sienten mejor cuando escriben en youtube diciendo todo lo que se emocionan al oírla. Casi como una condescendencia hacia Susan: “pobre… es tan fea”. Dan a entender que si la fea no cantara bien, para ellos seguiría siendo tan sólo eso, una fea: “enhorabuena, fea, tienes suerte de cantar bien, si no me reiría de ti al igual que me río del resto de feos patosos del mundo”. Pero no se dan cuenta de ello, y se creen que son buenos sentimientos y gran gusto musical lo que demuestran al actuar de ese modo; exactamente del mismo modo en que la maquinaria mediática había previsto que actuaran.
En fin, mucha suerte, Susan. Espero que grabes un disco, lo pases bien y no te entristezcas demasiado cuando los medios de comunicación y la gente se cansen de ti (al igual que se cansaron de Paul Potts), y busquen otro patito feo que sirva para reemplazarte.
(Y para colmo, parece que Susan Boyle es virgen. Bravo. Más carnaza para las televisiones, más morbo para el público. Quien supo elegirla es todo un genio de la industria televisiva en particular, y de la puta manera en que funciona este mundo en general).
Hay una chica que me gusta. Digamos que se trata de la Diane Keaton de unos cuantos posts atrás. No estoy enamorado de ella (como, creo, lo estoy de ti), pero me gusta. Bastante. Lo suficiente como para querer follármela. No me malinterpretes, con ella no me pongo nervioso al verla, con ella no imagino las cosas que imagino contigo, y seguramente si te tuviera a ti mi imaginación ya estuviera satisfecha – al menos por un tiempo - y no pensara mucho en las otras mujeres. Pero es innegable que me gustaría follármela.
Hoy hemos salido el grupo de amigos, y ella estaba en él. Nos llevamos bien, nos reímos juntos, nuestras rodillas se han juntado varias veces (quiero pensar que no por una completa casualidad, y que ella simplemente aceptaba el tacto de su pierna con la mía; llevaba falda vaquera – corta - y agradables medias), pero no puedo crearme esperanzas de que llegue a follármela algún día, aunque me encantaría.
Había también en el grupo un amigo de ella (yo también lo soy, pero bastante menos, o eso me parece) que la ha acompañado cuando se iba. Han puesto como excusa que tenían que trabajar en una asignatura al día siguiente, y que no convenía llegar excesivamente tarde a casa.
Me cagüen su puta madre.
Me gustaría pensar que no se la está follando, me gustaría pensar que yo tengo más posibilidades que él, pero después de lo que veo, me resulta muy difícil, aunque yo sea objetivamente más guapo (él es de baja estatura, y se podría decir que tiene un rostro de cierto aspecto simiesco).
Aunque yo sea menos feo, tengo también menos confianza en mi mismo.
Y eso es una putada.
La gente que come pipas durante las procesiones sabiendo que hay cofrades que pasan descalzos son unos hijos de la gran puta.
He dicho.
Estos últimos días ando un poco bajo de ánimos. Creo que es culpa del curso, este año no me está gustando en general, pero especialmente, estos últimos días, ando algo peor.
Nada de lo que hago me entusiasma (aunque no lo odio, ni lo rechazo), no hay mucha ilusión ni esperanza en mis acciones. Tengo trabajos, entregas, que pospongo invariablemente hasta el último minuto, sin haber empleado ese tiempo entre medias en nada importante. Es como que el trabajo pendiente me impidiera dedicarme a otras cosas (pasar las horas muertas leyendo es una de ellas), pero al cabo de la semana pierdo tanto tiempo a lo tonto que, al fin y al cabo, haciendo balance, sí que me podría haber pasado esas horas muertas con un libro, y no lo he hecho, y ya es tarde. Todo esto me hace sentir extrañamente mal. A veces me digo que si tuviera novia mis horas estarían mejor empleadas, pero es algo de lo que no estoy demasiado seguro.
Todos los días se me repiten, todos parecen iguales. Voy, vengo, me cruzo con la misma gente, que me dedica las mismas palabras y los mismos saludos breves que otras veces. El tiempo pasa, pero yo no me entero; la misma escena de la película se repite una y otra vez. Me siento – claro está, yo de un modo mucho más superfluo – como la mujer de Don Draper en “Mad Men”, o el personaje de Kate Winslet en “Revolutionary Road”. Están atrapadas siempre en el mismo lugar, haciendo lo mismo.
Aburriéndose.
En estos tiempos de corrección política y eufemismos varios, donde la gente inválida son “personas de movilidad reducida”, a los ancianos se los generaliza con el vago nombre de “personas mayores” , y los afectados por síndrome de down son ”personas especiales”; propongo una nueva lista para limpiar nuestra bella lengua de discriminación e inmundicia, y que ningún colectivo pueda sentirse agraviado:
Miope: Persona de visibilidad reducida.
Calvo: Persona con déficit de crecida de cabello.
Soso/a: Persona con déficit de salero.
Feo/a: Persona con taras físicas no causantes de movilidad reducida.
Gordo/a: Persona con exceso de adiposidad.
Miembro/a: Persona o persono, pertenecientes o pertenecientos al habla de la ministra de Igualdad o Igualdado.
Seguiremos informando en caso de que haya nuevas incorporaciones a la lista.